martes, 30 de mayo de 2006

Desierto.

Te cuesta tanto ver lo importante que es para mí no romperme a pedacitos, que si soy muy frágil por dentro no es porque yo así lo quiera, sino porque de verdad me estallo con la presión y me desboronan mis lágrimas saladas y moradas. Siento que ahora todo es de un color curuba horrible y con manchas grises y siempre quiero limpiarlo y quererte bonito y sin mentiras, pero ese simplemente no eres tú, no es la imagen que tengo de ti, con tantos amaneceres en otras camas y tantas manos tocándote por todos lados y dagas que salen de bocas diferentes para clavarse en mis oídos y enseñarme a odiarte o a amarte con dolor, como he aprendido a hacerlo, porque he aprendido a disfrutar este dolor y a llevarlo con gusto como un bonus de esta relación llena de cactus secos y mentiras resbalosas plagadas de moho blanco y peludo.
Ahora sí me rompiste, me rompieron entre los dos y me creyeron de caucho y me dejaron todo el peso, me rompí, ¿qué hacemos ahora?... que entre la siguiente, ¡y ellas felices!. ¿Y a mí quién me ayuda? no para rearmarme pero sí para calentarme un poquito de este frio que sigue rompiendo todo y del morado de mis uñas que se me mete en los dedos y de todos los ojos que van a señalarme y de las manos en el hombro y del dolor en la cintura. Las manos se duermen con la canción porque nadie entendió que las pirncesas son de porcelana.

viernes, 20 de enero de 2006

Las luces de la noche.

Hoy, como tantas otras veces, tengo sueño de ti, y me hace cerrar los ojos y enroscarme en las cobijas, porque por supuesto, tú no estás aqui, como hace tanto tiempo que sucede, y tiende uno a acostumbrarse a la ausencia de alguien, y crece todos los días, y crecerá más y más, y pronto harás parte del cúmulo de ausencias que guardo por ahí, pero que no me atrevo a botar, por si algún día regresan, por si algún día regresas y te quedas de una vez por todas. Cosa que no va a pasar porque una princesa no debe exponerse tanto a las luces de la noche, que tapan los oídos y encandilan los ojos.

martes, 10 de enero de 2006

Estar en tu vida desordena la mía.

¿Cuándo va a irse todo este dolor? ¿Cuándo vas a dejar de respirarme en las ideas y de tocarme las costillas cuando intento dormir, sólo para que me de cuenta de que no eres tú? Que ya nunca volverás a ser tú, que ya no estás aqui aunque se sienta tu olor y se oigan tus pasos y se bailen tus canciones, ya no estás aqui aunque sigan doliendo tus palabras y se siga llorando por lo que haces. No sabes como me duele todo por dentro y por fuera y cada palabra que dijiste o escribiste, cada parte de mí que tocaste me duele ahora.
Aunque me duela pensarlo, estar en tu vida desordena la mia.

jueves, 15 de diciembre de 2005

Rencor.

Por estos días no sólo la estupidez es abundante, sino también contagiosa, aguda y odiosa. ¿Cómo puede uno dejar de pensar en su bienestar psicológico para darle todo el control a los impulsos, a la costumbre y a las hormonas, al miedo, a la necesidad... Y es más fácil de lo que uno cree, y va pasando sin que nadie lo vaya notando, sólo uno, aunque trate de creer lo contrario.
Supongo que es así como empieza, como se apagan los sueños propios y se empieza a vivir a través de los ajenos... Te quiero conmigo, pero sin mí, sin todo lo inepta que me puedo llegar a sentir, sin todo el desprecio que me otorgo con tus triunfos.

jueves, 10 de noviembre de 2005

Cabeza chata.

No quisiera que me tapen los miedos y que se me quite el frio con la satisfacción de envolverme en dudas y hacértelo saber, aunque resbalen en tu impermeable de talento en las mentiras y en tu autoestima por encima de tu cabeza chata llena de pelos desordenados y de ideas dirigidas por hormonas que aplastan tu verdadero carisma y dejan ver tus inseguridades sin explicación ni fundamento.

domingo, 21 de agosto de 2005

Tres.

Como un dolor en la panza y tu sonrisa de idiota, él esperando en una esquina y ella asomada en la ventana. Y ahora me muerdes los codos, pero sólo porque él ya se fue y tú vuelves y él tarda más en volver, igual que los recuerdos y la dignidad.

sábado, 6 de agosto de 2005

Temperatura corporal.

No quiero que me duela pero se me está hinchando. Me quebraste los huesos, me arrancaste la piel y la cubriste con ella, pero no hacía tanto frio, no como el que ahora tengo yo. Y la besabas con ternura, y me mirabas, ¡y todos me miraban!, y entendían mi tristeza aunque la creían advertida, yo no... Pensé que podía no ser asi, y además no era la única (se me siguen rompiendo huesos más pequeños aunque ya no estés aqui).
¿En dónde te guardas tanta maldad y cómo haces para que no se vea a través del azúl de tus ojos que ya no quiero ver? Me duele haberte hecho el amor con tanta ternura, haberte mostrado tanto de mí y pretender que lo valoraras como tal vez otro lo haría, pero no, tú no, tú prefieres mantener tu temperatura sin importar a quien le quitas energía.