martes, 24 de enero de 2012

Río.

Las milésimas de segundo en que me decido a dejar que las cosas pasen como un río, y a quedarme mirando como apenas me moja los pies, verlo pasar, como veo pasar a los demás, a la gran cantidad de muertos vivientes que se cuelan en este universo, a veces con voces pero que no se quedan, que el oído deja volver a salir porque a quién le importa? quién los necesita si no ayudan con la falta de ganas de ser saludable, con el exceso de ganas de que el cerebro haga una fiesta permanente de neuronas y perderme en ese nudo, quedarme a vivir ahí adentro y no tener contacto más que a través de los ojos con el exterior, más que a través de unos ojos vacíos que no transmiten nada. Que me lleven los de blanco y me deleiten con sus pastillas miles para no tener que meterme más al río, verlo pasar y que apenas me moje los pies.

martes, 25 de octubre de 2011

Lo mismo.

...Que me parece que ahora estoy en otro punto, adentro quizás, y que no siento saber con certeza qué es lo que quiero que pase pero que me emocionan las opciones, tal vez me emociona mucho más el recorrido que el fin. Que me asusta el fin. Que me asusta tener que volver a pensar "ahora qué", y que por eso disfruto tanto las urgencias y las desgracias que ayudan a reaccionar sin tener que decidir y que siempre vienen con la mejor tolerancia al cambio.

jueves, 15 de septiembre de 2011

...

Se extraña siempre la sensación de confianza, esperar... saber qué esperar. No se soporta la incertidumbre, que, en definitiva es en realidad una certidumbre de final.

jueves, 4 de agosto de 2011

...

Cuando uno está a punto de dejarlos ahogarse, asoman un dedito a la superficie del agua pidiendo auxilio y es inevitable compadecerse.

miércoles, 20 de julio de 2011

Una profesional.

Nos cansamos de esperar a que algo sorprendente suceda, en cualquier aspecto, nos esforzamos por demostrarle a la vida nuestra disponibilidad al suceso y con el tiempo advertimos que no se trata de voluntad, disponibilidad o paciencia, se trata de la vida que nos corresponde vivir, por más que, con mucha fuerza, deseemos modificar un presente, su condición de presente hace inmodificable el futuro que irremediablemente está por acarrear, se puede evadir, retrasar o, por otro lado, aceptar que se aproxima y ayudarlo a suceder de la mejor manera.

lunes, 27 de junio de 2011

Puentes.

Ahora, desde otro punto, intento mantener presente el recuerdo de los años anteriores, de mi madre, de la cocina, el pan fresco, el chocolate caliente, su paciencia, su empeño, el esfuerzo de mi padre, sus canas -que ahora ya le ocupan toda la cabeza-, lo poco que lo abracé y las muchas veces que mereció que lo hiciera. Desde este punto, donde nada habla y nadie escucha sólo se puede pensar en las cosas buenas, como sucede con las personas que amamos -después de un tiempo- ante nuevas ausencias, cuyos errores o defectos van desapareciendo, y la memoria se encarga de poner en primera plana todo lo bueno, ahí, donde puede verse cada vez que se quiere ver adentro.
Esta señora soledad que cada vez soporto menos y que parece instalarse más, me hace pensar en volver... por una milésima de segundo, como las ganas de saltar desde los puentes vehiculares, que vienen con ese miedo al suceso, a tomar finalmente la decisión, con la certeza en el corazón de que la mente nunca lo permitiría. Van pasando los años y van quedando menos historias actuales, como vivir en el pasado trayéndolo siempre, jalándolo a ver si un día se suelta y se estrella de nuevo con nosotros, incapaces de conformarnos con el presente, incapaz de conformarme con lo que yo misma hice de mí, con las personas que me rodean, con los principios que perdí y la transformación de los que se quedaron, que no sirven, en realidad, de mucho, o quizás luchan todo el tiempo por rescatar a los demás, que están en una cueva encerrados, custodiados por las malas influencias y la necesidad de aceptación.

martes, 14 de junio de 2011